THOMAS NICKLES PRESENTS

AIN'T NO CURE

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Sometimes I wonder what I'm gonna do'

Cause there ain't no cure for the summertime blues

Eddie Cochran, 1958

 

En la madrugada del 17 de abril de 1961 comenzaría la invasión de Bahía de Cochinos: un intento de derrocar la entonces joven revolución cubana, con 1.400 activos, todos cubanos y entrenados por los Estados Unidos. Sin embargo, la invasión no salió bien: Los invasores fueron superados en número y se rindieron tras menos de 24 horas de lucha. Justo un año antes, el mismo día, pero en una fría mañana inglesa, Eddie Cochran murió en un accidente de coche en Chippenham, dos años antes de que "Summertime Blues" entrara en las listas de Billboard. La historia de la música, como la de las revoluciones, se escribe a partir del mito, el error, el fracaso y el entusiasmo. Cuando Eddie Cochran murió, el taxi y otros objetos del accidente fueron incautados por la policía local a la espera de la investigación del forense. David Harman, un cadete de policía de la comisaría, que más tarde sería conocido como Dave Dee, de la banda Dave Dee, Dozy, Beaky, Mick & Tich, aprendió a tocar la guitarra en la Gretsch incautada de Cochran. La banda de Dave Dee alcanzó el éxito en 1968 con su exitosa canción Legend of Xanadu.

 

Cuando Fidel Castro apoyó la invasión soviética de Checoslovaquia en el verano de 1968, comenzó en Cuba un proceso acelerado de abandono de los ideales de la Nueva Izquierda. 1968, como recordaba recientemente Todd Gitlin en The New York Review of Books, fue también "el año de la contrarrevolución", de los tanques soviéticos en Checoslovaquia, de la masacre de Tlatelolco y de los asesinatos de Martin Luther King y Robert Kennedy. En ese verano, en La Habana, como en Praga o Memphis, los contrarrevolucionarios ganaron.

 

Pero quizás fue Joe Strummer, un filósofo más conocido por ser el líder de la banda The Clash, quien dijo que 1968 había sido, definitivamente, un gran año para alcanzar la mayoría de edad. El mundo estaba a punto de acabar: París, Vietnam, los hippies y un universo contracultural que estallaba como un volcán en erupción. Afirma que todo eso le abrió las puertas del punk, sin embargo, en ese año otros ya habían encontrado las puertas de la percepción abiertas.

 

Entre la influencia de la música sureña y la psicodelia, 1968 fue un gran año para el rock: A Saucerful of Secrets, el álbum icónico de Pink Floyd por marcar la salida de Syd Barrett y la llegada de David Gilmore, Velvet Underground y su primer álbum sin Nico, Hendrix conocido como la estrella que cayó del cielo y dejó sin trabajo a Clapton y Pete Townshead, guitarrista de The Who. Los Stones revelaron su simpatía por el diablo. Robert Wyatt le dio un toque de jazz experimental al rock psicodélico publicando el primer volumen de Soft Machine, Jim Morrison y sus Doors habían abierto todo un laberinto que recorrer y los Beatles, con un Álbum Blanco que no es tan blanco como dice ser, ya que algunas de sus letras podrían ser un manual de suicidio, volvían a revolucionar la música pop.

 

A finales de ese año, el 26 de diciembre, Led Zeppelin debuta en Estados Unidos. En la prensa quedaría: El concierto fue arrancado por otro heavy, Led Zeppelin, un grupo británico que hacía su primera gira por Estados Unidos. Orientado al blues (aunque no es una banda de blues), con una electricidad exagerada, toda la rutina del rock mainstream, hecha con fuerza, con agallas, con unidad, con inventiva y con swing al final de su set. Ese mismo día, pero varios siglos antes, en 1714, la Virgen de Regla fue declarada patrona de La Habana. Allí quedaría, durante siglos, su color y su presencia como emblema de la capital caribeña. Un viaje necesario si se quiere cruzar los mares. Santa y Orisha, no es de extrañar que La Habana sea entonces una ciudad azul, delimitada por el agua, la fe, el malecón, el béisbol, las puertas azules coloniales pintadas por manos anónimas, que sobreviven a siglos de abandono y olvido, y el deseo azul de salir y quedarse. Una Virgen Negra, para un pueblo de colores, custodiando una bahía de frustraciones. "Summertime Blues" podría ser perfectamente la banda sonora de una tarde habanera: El cansancio desmedido, el sentido adolescente de la injusticia, los privilegios del coche revocados, la pesadez de una guitarra de blues en un sur, también oscuro y sin ley.

 

En 1977, la NASA lanza al espacio, como representación (y explicación) de la vida en la Tierra, la Voyager 2, con 27 muestras de canciones. Entre ellas se encuentra Dark Was the Night, Cold Was the Ground, escrita e interpretada por Blind Willie Johnson, cegado a los 7 años por su madrastra; (que le arrojó lejía a la cara en represalia por las infidelidades del padre de Johnson). El escritor científico Timothy Ferris, que seleccionó las canciones, explicó: "La canción de Johnson se refiere a una situación a la que se enfrentó muchas veces: anochecer sin tener un lugar donde dormir. Desde que los seres humanos aparecieron en la Tierra, el manto de la noche aún no ha caído sin tocar a un hombre o una mujer". Hay que añadir que, como Blind Willie Johnson era realmente ciego, quizá la idea de la oscuridad se perdió en su memoria de niño ciego, pero no la del color azul. En 1923, Clyde Keeler, un genetista estadounidense, descubrió que incluso los ciegos, todos nosotros, poseemos un receptor especial que reacciona siempre a la luz azul. Tal vez una paradoja entre la historia, la ciencia y el arte, hay teorías que sugieren que antes de que los humanos tuvieran palabras para el color azul, en realidad veían el cielo de otro color.

 

Tal vez los ciegos puedan ver el azul, tal vez si un día no oímos, podamos seguir escuchando el blues.

 

Cuando Roger Waters escribió Set the Controls to the Heart of the Sun, uno de los temas más psicodélicos y hermosos del álbum del 68, A Saucerful of Secrets, lo hizo con una antología de la Poesía Tang en la mano. Así, uno de los versos de la canción que evoca a un hombre solitario en una montaña, presenta ante el rock de los sesenta a Li Po, el inmortal desterrado, un antiguo poeta chino que se ahogó borracho en un río intentando alcanzar la luna a través de su reflejo. Es curioso que al año siguiente la humanidad llegara a la luna.

 

Ain't No Cure, una exposición colectiva, llena de azul, en el Proyecto Thomas Nickles.